Los concursos ya no sorprenden
- Redacción

- 15 feb
- 2 Min. de lectura
La televisión convierte el suspense en campaña promocional y casos como el de 'Pasapalabra' demuestran que todo cambia por completo

Hubo un tiempo en el que los concursos eran territorio salvaje. Te sentabas delante de la tele sin saber si ibas a presenciar un fracaso estrepitoso, una remontada épica o el bote de la década. La gracia estaba en eso: en la incertidumbre. En que todo podía pasar… o no pasar nada.
Hoy la televisión juega a otra cosa. A la promo constante. Al "mañana ocurrirá algo histórico". Al rótulo gigante anunciando que se viene momentazo. Y claro, cuando te avisan tanto de que va a ocurrir, el factor sorpresa empieza a pedir la baja.
El caso más reciente lo tenemos con 'Pasalabra' y la entrega de su mayor bote en esta etapa. Durante días se anunció que el premio caía. Que sí o sí alguien se llevaba más de dos millones de euros. Lo único que no sabíamos era cuál de los dos concursantes sería el afortunado.
¿Había tensión? Claro. ¿Queríamos saber quién lo conseguía? Por supuesto. Pero la pregunta ya no era "¿se llevará alguien el bote?", sino "¿quién se lo lleva?". Y eso, aunque parezca un matiz pequeño, cambia completamente la experiencia del espectador.
El encanto de un concurso no está solo en el ganador, sino en la posibilidad real de que nadie gane. En ese silencio incómodo cuando el concursante duda. En el "hasta aquí hemos llegado" que deja el bote intacto un día más. Cuando anuncias que el premio se entrega, reduces la emoción a un duelo anunciado.
Televisivamente fue impecable: música en crescendo, respiraciones contenidas, celebración a lo grande. Un momentazo que funcionó y que dio titulares. Pero también una muestra de cómo la tele actual prefiere asegurar el evento antes que confiar en la sorpresa.
Los concursos viven de la incertidumbre. Si conviertes el desenlace en campaña promocional, el suspense se convierte en trámite. Y cuando el espectador ya sabe que habrá cheque gigante al final del programa, parte de la magia se evapora.



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